Opinión | CARTA AL DIRECTOR

Yo también fui a “El Pilar”

La Voz de Lena, 17 May 2021

Esta es la frase que, con orgullo, decimos tantas veces en reuniones sociales, con viejos amigos y conocidos, dentro y fuera de Asturias (en ese caso matizamos “El Pilar” de Pola de Lena) como referencia  de nuestra juventud y educación.

Yo, como tantos otros jóvenes de aquellos tiempos, estudie en el colegio desde 1966 a 1973. Allí cursé el entonces Bachiller Elemental Superior e incluso COU, que sustituía al PREU. Hijos de familias humildes, de trabajadores abnegados, en este caso ferroviarios de la zona alta del Concejo (La Frecha, Fierros, Parana, Casorvida, Heros, Herías, Campomanes…), que gracias al Colegio tuvimos la oportunidad de formarnos en tiempos duros, austeros, sacrificados y sin embargo felices.

El Colegio, de por si, ya impresionaba por su construcción, sus magníficas instalaciones, tanto para la docencia como para la práctica deportiva. Para nosotros era como El Escorial.

Y qué decir de sus docentes, los padres marianistas, una educación en un colegio católico en absoluto integrista, liberal y tolerante, impensable hoy en día y más en aquellos tiempos. Magníficos profesores, que aún hoy, 55 años después, recuerdo con cariño y estima. Profesores que compaginaban la docencia con la práctica deportiva y los valores que ello comporta. Quién puede olvidar aquella sección de hockey sobre patines, orgullo de toda España y referente en Asturias. Algunos de aquellos jugadores, coetáneos con mi estancia en el Colegio, llegaron a la internacionalidad. Aquel campeonato de España Juvenil, celebrado en el Colegio ante una pléyade de equipos catalanes. También fútbol, en el antiguo campo de “Las Pedrosas”, y las canchas de baloncesto, cubiertas ya en aquellos tiempos, envidia de equipos rivales de otros colegios famosos de Asturias.

Miles de anécdotas podría relatar de aquel paso por el Colegio, pero sólo voy a mencionar dos: la excursión anual a la Virgen del Camino, con decenas de autobuses y la imborrable imagen de la parada obligada en la fuente de La Copona, cerca ya de León, a almorzar. Recuerdo aquellas canciones míticas como “que buenos son los padres marianistas , que buenos son, que nos llevan de excursión”

También inolvidable cuando en la última clase del día teníamos que estar mirando con el rabillo del ojo al apeadero de Villayana para controlar “el correo” y en ese momento salir disparados y trepar por La Crespa, como atletas de olimpiadas. Las comunicaciones eran las que eran a la estación. No había entonces muchas opciones de desplazamientos.

No quiero nombrar a ninguno de los profesores que aún recuerdo, pues sería injusto con aquellos que mi maltrecha memoria no me permite recordar su nombre. Simplemente reseñar que el año que yo dejé el Colegio el director era don Buenaventura Barrón.

Este verano, si es posible, pasaré por el Colegio y recordaré con añoranza aquellos tiempos. También podré comprobar si aún sigue en el pasillo la orla del curso de OCU 1972/1973 y recordar a tantos compañeros y amigos.

La vida es una sucesión de etapas y ésta es una más de ella. Triste, pero es la realidad, es la vida misma Gracias y suerte a los padres marianistas.

Javier Álvarez García (Castellón de la Plana)

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