Portada | CARTA AL DIRECTOR

Las aguas bajan negras

La Voz de Lena, 20 May 2021

La Compañía Marianista abandona la cuenca del Caudal tras 61 años de presencia en Pola de Lena. Desde aquí el centro educativo irradió su pedagogía cristiana a los concejos limítrofes de Mieres, Aller, Riosa y Quirós.

Los Marianistas, como se les llama cariñosamente en la Comarca, dejan una impronta que la historia se encargará de relatar en los libros de texto de futuros estudiantes. Ahora sólo pretendemos destacar un sincero y emotivo recuerdo a su labor en este confín asturiano.

La Compañía de María tiene origen francés. Su fundador, el beato Chaminade, huyó de la persecución religiosa del gobierno de Robespierre, trasladándose de Burdeos a Zaragoza. A partir de ahí la congregación desplegó su labor religiosa por toda España, bajo el manto protector de la Virgen del Pilar.

Llegaron a Pola de Lena en los años 60 para cumplir con tres objetivos muy nítidos. El primero y esencial fue el de llevar al núcleo de la Asturias minera en desarrollo la misión evangelizadora comprensiva de un catolicismo social acorde con la encíclica “Rerum Novarum”.

Eligieron un enclave donde la industrialización traía consigo unos riesgos de descristianización propios del materialismo histórico, de los cuales el escritor asturiano Armando Palacio Valdés había descrito para la cuenca de Langreo en su magnífica obra literaria “La aldea perdida”.

Pudieron establecerse en ciudades burguesas y desarrolladas como Oviedo y Gijón, pero no lo hicieron. Se quedaron allí donde su misión hacía falta.

El segundo objetivo va ligado al primero y se concentró en la gran misión educativa. Se trataba de formar profesionales para la industria y bachilleres para la Universidad.

El tercer objetivo, inseparable de los dos anteriores, fue novedoso para la época, lo que de alguna manera entronca con el krausismo y la nueva educación, pues había que fomentar el deporte entre la juventud del “baby boom”. Así se hicieron un hueco en el fútbol, en el baloncesto y en un deporte como el hockey sobre patines, cuyos éxitos continuados hicieron que el prestigio deportivo del Colegio “El Pilar” quedara indisolublemente unido al de Pola de Lena, por más que parte de sus jugadores procediesen de los concejos limítrofes. Y aquí se manifiesta la labor aglutinadora de los religiosos marianistas en la cuenca del Caudal.

La misión evangelizadora se proyectó a la educación y al deporte con dos ejes espirituales que constituyen el carisma marianista: la libertad, reflejada en un pasaje del evangelio “La Verdad os hará libres” junto al amor filial “Por María a Jesús”.

Una labor ordinaria la de los marianistas, que obtuvo logros extraordinarios en la formación humanística de personas que han destacado en los ámbitos culturales, económicos y políticos, que, sin ánimo de ser exhaustivos, citamos a continuación: el ex presidente del Gobierno, José María Aznar, el fallecido Alfredo Pérez Rubalcaba, escritores y poetas como Fernando Sánchez Dragó y Luis Alberto de Cuenca… Todos ellos han dado y siguen dando muestras de orgullo de sentirse “pilaristas”.

Del Pilar de Castelló de Madrid al Pilar de Pola de Lena sólo hay una distancia geográfica. Pero a diferencia del primero, en Lena, la labor educativa se agranda, pues en un contexto geográfico y económico social hostil se facilitó el acceso a la cultura y a la formación profesional a una población que sin la presencia marianista no habría sido posible. Una prueba irrefutable es que de “El Pilar” de La Pola salieron rectores de las universidades de Oviedo, de Cantabria y de Alicante, así como numerosos ingenieros de Minas, médicos, magistrados, abogados, periodistas, profesores de universidad, profesores de Primaria y Secundaria, directores de empresa, deportistas, sacerdotes y religiosos, todos ellos de reconocido prestigio, cuya enumeración excede los límites previstos de este escrito.

Los marianistas transmitieron como nadie el significado de catolicismo como universalidad. Atravesaron fronteras para llegar a todos los lugares del mundo. Esa universalidad cristiana estaba presente en la ya citada educación ordinaria. Esto es, la cotidiana, la del día a día, con actividades que abrieron a los alumnos las puertas de Europa en pleno proceso de integración. A finales de los años 80 “El Pilar” de Pola de Lena inicia intercambios colegiales con la Bretaña Francesa; en pleno siglo XXI se realizaron cursos internacionales de inglés en Irlanda, en colaboración con los restantes colegios marianistas. Por lo que respecta al deporte los colegios marianistas efectúan anualmente sus propias olimpiadas anuales para mantener vivo el deporte y el sentido de familia de la Compañía de María.

No han faltado concursos de alumnos pilaristas, de los que fueron ganadores en 2003, del premio “Ellos fueron como tú”. En 2012 ganaron el Premio Nacional “Viva la Pepa”, celebrado para conmemorar el bicentenario de la Constitución de Cádiz.

El viento de la ambición que trajo la industrialización se transformó en vendaval de la desidia que trajo la subvención. Asturias, y ahora Lena, se queda sin pulso. El latido contemporáneo es el latido de “un niño mimado” que mata el sentido de la responsabilidad y el sentido del propio esfuerzo, que espera que se lo den todo, que lo hagan todo por él. Así se pierde el temple vital. Y en esta pérdida, cuanto más necesaria se hace la presencia religiosa en nuestra sociedad, la Administración Provincial, amparada en la falta de relevo generacional, opta por el cierre de la comunidad, faro y guía espiritual del centro educativo.

De nuevo se desprecia el talento senior profesional y espiritual. Sin darse cuenta de que la presencia marianista en la comunidad lenense, en los recreos, en los entrenamientos deportivos del patio del colegio, es el testimonio de una fe viva que supone la renuncia, la entrega de una unión de vida dedicada a Dios y a su congregación.

Los marianistas de Pola se han mimetizado con sus habitantes, muchos de ellos dejaron su vida aquí y descansan en su cementerio. Otros hubiesen querido reposar en este camposanto.

El colegio se queda huérfano, aunque continúa en soledad, como un cuerpo sin alma; con poco cuerpo, por el vacío demográfico de las cuencas, y sin alma, por el vacío espiritual que deja el cierre de la comunidad.

Un colegio teledirigido, sin arraigo, sin empatía, sin vínculo con la sociedad lenense actual y su entorno. Un colegio asfixiado por la burocracia administrativa de la Consejería de Educación, que impone ratios, normas, corsés que casan mal con la libertad y la universalidad de la educación marianista que impregnó de valores a la sociedad de la Cuenca del Caudal desde los años 60.

Ya no se lava el carbón en los ríos asturianos y, sin embargo, las aguas bajan negras de lágrimas porque triste es la partida y negro el horizonte, sin identidad, sin proyecto, sin futuro.

“¿Y dejas Pastor Santo,

Tu grey en este valle hondo, oscuro

Con soledad y llanto,

Y tú, rompiendo el puro

aire, te vas al inmortal seguro?” Fray Luis de León.

Flor Suárez Fernández-Quevedo

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