Opinión | TRIBUNA LIBRE

Caminos

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

En el mundo de la cultura uno de los recursos más tópicos es el del “camino”. Don Quijote sale y hace la vida en el camino, Delibes escribe una novela que se titula “El camino”, sobre la decadencia del mundo rural castellano, y los versos de Antonio Machado sobre el “camino” son alma del pueblo. “Yo voy soñando caminos de la tarde…”, escribe el poeta mientras que nosotros recitamos “en el corazón tenía/la espina de una pasión…”. Pero nosotros escribiremos de algo más prosaico, de “andar por casa”. Nosotros queremos llamar la atención sobre los caminos que hacen pueblo y conforman el nombre de una aldea y parece, visto su estado, que nadie pone los ojos en ellos; están abandonados; aquellos caminos que nos legaron como recurso imprescindible nuestros abuelos para sobrevivir en los tiempos y ahora sólo algunos sobreviven gracias a los turistas mochileros, a los que en absoluto les interesa del esfuerzo que supone mantener en pie los muros o cierres que los limitan.

Como escribe el escocés Rebanks sobre los mochileros en Escocia: “Ni se fijan en el muro que construyó mi abuelo, ni les importa que siga en pie, ni quien lo construyó”. Por eso asomamos la cabeza para hablar de los caminos que unen las caserías con las aldeas y sirven para mantener la profunda relación existente entre nuestras fincas y la comunidad. Esa conexión es la que permite poner palabras a la vida de los paisanos, anclados, como sus árboles, al paisaje que respiran. Desconocer estas ideas por los responsables institucionales es condenar nuestros caminos al abandono y más si su conservación no está ni siquiera recogida en las Ordenanzas Municipales, salvo el uso maderero. Ese vacío es síntoma del escaso interés, como todo, que despierta nuestro mundo y ese patrimonio que nos legaron y que poco a poco se muere por estar sumido en una agónica indiferencia.

Las instituciones son como Poncio Pilatos cuando algún desaprensivo rompe la tradición con alguna marrullería en los caminos. Posiblemente una de las que más perjudica al propio camino y a los habitantes de la aldea afectada es el cierre de los aguatochos, presas que recogen el agua de los caminos para regar las fincas cuando no había dinero, como ahora, para comprar fosfatos, y que trae como consecuencia el cierre de esas presas, aguatochos, que recogían las aguas vertientes que ahora destrozan los que antes eran  anchos caminos vecinales, haciéndolos inservibles para el trabajo en las caserías y propiciando su abandono. Alguna vez alguien se tendrá que mentalizar con la idea de que los caminos son un patrimonio que hay que incluir en las ordenanzas fiscales como bien común y con una función propia que hay que mantener: dar vida al ámbito geográfico que tiene cada pueblo desde los tiempos. Evitar el daño de los desaprensivos es abandonar la figura de Poncio Pilatos y mojarse como autoridad competente en el caso. La aldea no puede ser tampoco como la ciudad sin ley. Y los aldeanos no somos los ilotas de la sociedad que se rigen por el principio de la resignación. Tiene que haber nuevas ideas para abrir las puertas al futuro. Hablamos de hacer un inventario de los caminos parroquiales, mediante becas para los jóvenes, que es asentar un conocimiento que reportará beneficios al Ayuntamiento que intente salir del anquilosamiento en el que estamos sumido,s a la par que se propicia una oportunidad de trabajo a nuestros jóvenes, que tan bien preparados están para hacer este trabajo de investigación sobre el mundo rural y los recursos que desarrolló. Alguna vez tendremos que hacer realidad el verso que dice aquello de que vivir no es cultivar la impotencia.
 

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