Opinión | TRIBUNA LIBRE

Un mundo que agoniza

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

En el año 1.975 Miguel Delibes lee su discurso de recepción como académico de la lengua; el titulo de tal discurso es "Un mundo que agoniza" que se publicó como libro en el año 1.979. Lo traigo a colación porque en estos días de tribulación social por la pandemia que nos acecha  como mirada del diablo, nuestro bagaje cultural  sigue con las mismas ideas de siempre ancladas en el recuerdo y la esperanza y sin visos de cambios; todo lo más, meros retoques para que todo siga igual. Como escribía M. Delibes: "el problema se estanca en la pura retórica. Las palabras no concuerdan con los hechos". Que es lo mismo que hablar de "la inutilidad de todas las palabras", como dice A. González.  Con esta realidad por delante por el confinamiento a que estamos sujetos y hasta con miedo a que el virus de la corona pique en la puerta de casa, somos los españoles propensos al arrepentimiento de nuestros pecados y son miles los propósitos de la enmienda que brotan de nuestro corazón. Es entonces cuando nos vienen algunas ideas propias para un mundo mejor. La primera de ellas sería superar el odio que nos corroe el alma; este es un país enfermo de odio, de división y de enfrentamiento que emana del mundo de la política y de la agobiante crisis económica. Los españoles no nos caemos bien pese a los besos que se reparten como agua bendita y andamos cabreados porque nos esforzamos mucho para ingresar poco; si al menos nos viéramos prosperar, nos tendríamos en más estima. En fin, que si ganáramos más dinero en nuestro trabajo y fuésemos un poco más ricos y si tuviéramos mejores casa, buenos  coches, mejores maridos y mejores esposas, mejores hospitales y mejores universidades, nos querríamos más. Pero también es un propósito de la enmienda  recuperar algo tan viejo como las responsabilidades personales o saber cuál es el grado de de degeneración moral de las administraciones públicas que es inenarrable o asumir que el pueblo llano se está enamorando de la estupidez y así no vamos a ninguna parte. Y cuando escribimos esta idea estamos pensando en una actitud vital que desfigura nuestra vida por completo y nos obliga a usar la palabra como un telón que sirve para ocultar la realidad de nuestras vida. Hablamos de la hipocresía, enemiga acérrima de la amistad. Fundamental en nuestras relaciones sociales, el hipócrita usa el engaño voluntariamente y de continuo, en público, y siempre persigue un logro inconfesado o un mal fin. Es por lo que la consideramos una gravísima lacra social profundamente arraigada en el alma de los españoles. Tratar de erradicarla como propósito de la enmienda es odiarnos un poco menos y querernos un poco más, con besinos más auténticos como manifestación autentica de afecto.


 

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