El tabaquismo y la obesidad son dos serios problemas de salud pública. Tanto uno como otro disparan el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, cáncer y alteraciones metabólicas.

Varios estudios relacionan el hecho de dejar de fumar con un incremento del peso corporal, algo que han experimentado muchos ex fumadores (sea como fuere, siempre es mejor abandonar el tabaco). Sin embargo, en personas que ya tienen ese hábito no se suele vincular el fumar con modificaciones segmentales en su composición corporal.

Los resultados de un trabajo publicado en 2012 indican que los fumadores tienen un índice de masa corporal similar al de aquellos que nunca han fumado. Es decir, no están ni más ni menos gordos. En cambio, cuanto más fumaban, más distribución negativa de grasa (desde el punto de vista metabólico) presentaban. O lo que es lo mismo, más grasa visceral.

Para llegar a una conclusión definitiva harían falta más análisis, con un mayor número de población, pero todo apunta a que fumar no es beneficioso para perder peso (aunque también es verdad, en base a otras investigaciones, que la gente que deja de fumar gana algunos kilos). Pero no solamente esto, sino que fumar puede derivar en una distribución más negativa de la grasa. Es decir, no más grasa corporal total, pero sí repartida de una forma más perjudicial, puesto que al haber más grasa visceral se eleva el riesgo cardiovascular. Por tanto, una razón más a sumar a los múltiples motivos por los que hay que desprenderse de los cigarrillos.

(El doctor Ramón de Cangas dirige clínicas de nutrición y dietética en la calle Uría, 38, de Oviedo; Saavedra, 4, de Gijón, y en González Abarca, 6, de Avilés)

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