Opinión | CARTA DEL DIRECTOR

Sólo un poco de civismo

  • AVELINO LLERA

Tener un animal de compañía reporta muchos beneficios, como bien saben los que pueden permitírselo, pero también conlleva unas cuantas obligaciones: hay que alimentarlo, darle las necesarias condiciones higiénicas y sanitarias (vacunas, desparasitarlo…) y, en definitiva, cuidarlo, como ser vivo que es. Entre estas obligaciones está, por supuesto, la responsabilidad de asumir la recogida de sus deposiciones en la vía pública. Sin embargo, cada cierto tiempo se disparan las quejas por excrementos en aceras y jardines y no digamos ya por las continuas meadas en los escaparates de negocios y fachadas de los bajos de edificios. Son unos pocos, desde luego, pero enturbian el buen hacer del resto de dueños de perros, que en una inmensa mayoría sí limpian esos restos. Algunos incluso hasta llevan botellas con agua y lejía.

La Alcaldía ha tenido que sacar un enésimo Anuncio Municipal en el que advierte que los infractores se enfrentan a multas de hasta 750 euros, pero, evidentemente, no se puede poner un agente de la Policía Local detrás de cada paseante de canes. Y aunque se ha hecho un llamamiento a la colaboración ciudadana, para que se denuncien esas conductas incívicas, por lo general se tiende a mirar hacia otro lado para ahorrarse problemas vecinales.

En La Pola se han habilitado parques para perros, en lugares como El Sotón o Las Ubiñas, con lo que no caben disculpas de que no hay espacios para que hagan sus necesidades.

Puede ser desagradable recoger una porquería del suelo, pero lo es aún más encontrársela (o pisarla, como suele ocurrir con frecuencia) en el acceso a un portal o a la puerta de cualquier establecimiento comercial. Por favor, y que esto no sea predicar en el desierto, si nadie quiere eso para su propia casa no lo queramos para los sitios que compartimos todos. Por conciencia.

  

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