Opinión | TRIBUNA LIBRE

Sarpullidos

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

El cuerpo humano está dotado de recursos varios, externos o internos, que nos hablan de su funcionamiento. En caso de fallos en nuestro organismo, un dolor o la fiebre son marcadores que hacen saltar las alarmas que obligan a una intervención para evitar males mayores.

Y además, como seres gregarios que somos y necesitados de una comunidad para sobrevivir y por propia seguridad, ésta, cual organismo vivo, también tiene sus reglas y recursos para sacar a la luz todo aquello que la pueda alterar. En este caso la vida comunitaria está profundamente afectada por la semántica de una palabra invisible que acecha a los lenenses y a los asturianos en general. Con tal virulencia que desborda los recursos disponibles y saca a la luz las consecuencias de esa política a la española que para Muñoz Molina “es tan destructiva como el virus”.  “Si no hacemos algo esta gente va a hundirnos a todos” (“El País”, 3.11.2020). Es decir, que si galgos que si podencos, que si Gobierno Central que si autonomías… Uno se pregunta con frecuencia en manos de quién estamos cuando vemos que el virus genera una pandemia y sus efectos vitales son demoledores para la salud pública. Y si mal estábamos, peor seguimos ahora que tiene la responsabilidad esa entelequia que llaman Gobierno Autonómico y que sirvió, como escribe Eslava Galán, únicamente para mejorar el nivel de vida de quienes alcanzaron la categoría de funcionarios autonómicos (sin olvidar a los covachuelistas, claro). Porque si ahora nos referimos a la primera ola del coronavirus y recordamos tantas promesas de inversión para la mejora de la Sanidad o de la Educación, como Antón Losada podemos preguntarnos: “¿Qué fue del dinero de nuestros aplausos?”. La respuesta está en el verso manriqueño: “¿Qué fueron sino verduras de las eras?”.

Aunque si lo pensamos bien, pueden hacer lo que les venga en gana. Con un pueblo que vive en el conformismo y la conveniencia, que desconoce el significado de la palabra “inequidad”, que carece en absoluto de libertad de pensamiento y tres pitos le importa la libertad de expresión, salvo para insultar al vecino. Con este pueblo pueden hacer lo que realmente les venga en gana. Y si a esto añadimos que “la sociología industrial” está en trance de desaparición y la “sociología rural” ya está perdida, entonces que Dios nos coja confesados, porque la desvinculación social es total y absoluta para poder hablar de solidaridad. Aunque no hay problema; ellos seguirán en el púlpito diciendo lo que les dé la gana, porque el coronavirus sigue en los verdes campos del edén sin nadie que le ponga cortapisas, salvo exhaustos médicos y quebradas enfermeras. Como esos profesores que cargan con responsabilidades que son propias de su consejería y se las arrojan a las espaldas como si fuesen burros de carga. En fin, querido lector, en algún momento habrá que pensar por nuestra cuenta para tomar decisiones que propicien estructuras políticas más eficaces que estas anquilosadas, que son peores que el coronavirus. Como escribe Muñoz Molina, “¡Qué Dios nos dé suerte y San Antonio nos guarde!

Comentarios

No hay comentarios

Para poder dejar sus comentarios debe estar logueado en la web. Registrarse