Opinión | CARTA AL DIRECTOR

Reverendo Padre Jesús Delgado

La Voz de Lena, 28 Diciembre 2020

Era primavera, había dejado de llover hacía poco tiempo, y el sol había salido con fuerza, dando una luminosidad incomparable al paisaje.

    Las hojas de los frondosos árboles que cercaban los linderos del camino, conservaban algunas gotas de lluvia que parecían auténticos brillantes, al ser iluminadas por los rayos de sol que se filtraban entre las ramas.

    El verde esmeralda de las praderías, llenas de las primeras flores, contrastaba con aquel cielo tan azul.

    Por el camino, la naturaleza se hacía sentir en su máxima intensidad.

    Parecía oírse el ruido de las madreñas de las gentes que, en otro tiempo transitaban por allí, dirigiendo sus pasos a la labranza, la siega, o trasladando el ganado.

    Algunos tramos me resultaban difíciles, iba saltando de piedra en piedra, sorteando el barro y los charcos que había dejado la lluvia. Los últimos tramos del camino, cada vez tenían una pendiente más acentuada.

    A medida que me acercaba a la cima de la montaña, la frondosa masa forestal quedaba atrás, y se abría ante mí un paisaje espectacular en el incomparable Valle del Huerna. Asturias tiene bien merecido el calificativo de “Paraíso Natural”.

    Por fin, había alcanzado la cima, con una inmensa sed. A la vera del camino, una fuente con un chorro de agua fría y cristalina, me pareció la mejor bebida del mundo.

    La fuente de piedra, era lo único que quedaba de lo que en otro tiempo fue la bonita aldea de ARTOS, enterrada hoy bajo los escombros fruto de la construcción de la autopista del Huerna.

    Las rústicas viviendas de la aldea, construidas con una considerable piedra enteriza, se habían levantado a unos 700 m de altura, situándolas en los recodos de la vaguada que mejor evitaban el frío del Norte, y orientadas al sol. La aldea de Artos, llegó a tener hasta 14 personas.

    Actualmente, solo quedan nombres bajo las inmensas pilas de tierra, amontonadas allí por la construcción reciente del AVE.

    Hasta el año 1.910, vivieron allí 3 familias y una de ellas era la de Adela (Mi abuela paterna).

    Lo que en otro tiempo fueron tantas huertas sembradas, están ahora sepultadas por miles de toneladas de tierra, que no dejaron rastro del pueblo, ni del “Camín Francés” que venía de Castilla enlazando varios pueblos de la montaña, como La Cortina, Arnón, Piñera,etc…

    El” Camín Francés”, tenía una anchura de 3m, iba protegido en ambos lados por pared de piedra labrada, tipo sillar. Todo quedó sepultado por las obras de la variante del Pajares. Un patrimonio milenario destruido como tantos otros, sin dejar rastro para posibles investigaciones en adelante.

    El nombre de ARTOS, provenía de las zarzas o “artos” de aquellas tierras, cuyos frutos silvestres eran las sabrosas moras que tanto abundaban por allí.

 

    En aquella aldea, están mis raíces paternas.

    Ramón y Rosaura, un joven matrimonio de labradores, tuvieron cinco hijos: Antonio, Adela (Mi abuela), Carmen, Manuel y Josefa.

    Rosaura falleció siendo aún muy joven, y su marido Ramón contrajo segundas nupcias, de cuyo matrimonio nació José (Años después emigró a La Argentina).

    Su segunda mujer también falleció.

    Ramón volvió a casarse de nuevo, y tuvo con su mujer María, una hija a la que llamaron Guadalupe.

    Era un 30 de noviembre de 1.888, cuando abrió por primera vez sus ojitos a la luz, un precioso niño, al que bautizaron con el nombre de Antonio. ¡Qué lejos estaba de imaginar cuál sería su futuro cuando correteaba alegre por aquellas praderas, cogiendo moras, o mirando las estrellas, que desde aquella altura parecían tocarse con el dedo!

    Antonio empezó a destacar pronto por su inteligencia, y se fue siendo aún un niño, a estudiar con los Dominicos.

    Su vocación religiosa fue muy temprana, ya que profesó en la Orden de los Dominicos a los 19 años, concretamente el 9 de octubre de 1.907, cambiando su nombre de pila por el de Jesús. Vivió su vocación sacerdotal, con total servicio y entrega a los demás.

    Su inteligencia natural, y su inquietud por adquirir siempre nuevos conocimientos, unido a las facilidades que tuvo en la Orden para tener a su alcance todos los medios necesarios, hicieron de él una persona muy valiosa, en todos los sentidos.

    A pesar de ello, nunca olvidó sus orígenes, lo que da idea de su calidad humana.

    Entiendo que una sociedad, para ser justa, debe dar oportunidades a todos por igual, pero no regalar nada a quienes no se esfuerzan por lograrlo.

    Hay que facilitar a las personas humildes, el acceso a la Universidad. Pero, dichas personas, deberán obtener sus titulaciones con su propio esfuerzo. No se trata de regalarles nada, sino de darles la oportunidad de conseguirlo. Todos debemos tener las mismas oportunidades.

    ¡Cuántos talentos se desperdiciaron en otros tiempos, por carecer de medios económicos para costear sus estudios!

    El Padre Jesús Delgado, fue profesor en el antiguo Colegio de Cuevas, en Almagro (Ciudad Real).

    Más adelante fue destinado a Cuba, donde a mí parecer, pasó los mejores años de su vida, dedicándose intensamente a los estudios e investigaciones en las materias de Física, Química, Matemáticas y Astronomía.

    Fue profesor en el Seminario Diocesano del Buen Pastor de La Habana, y en la Escuela Química azucarera de Cienfuegos (Cuba), compatibilizando sus clases con las conferencias en la Universidad.

    En 1.958 viajó desde Cuba a la Exposición Universal de Bruselas, primera celebrada tras la segunda guerra mundial, bajo el lema “Por un mundo más humano”.

    El hito de la Exposición fue el “Atomium”, representación de un átomo de 102 m de altura, en forma de un cristal de hierro aumentado 165.000 millones de veces, como metáfora del uso pacífico de la energía nuclear. Hoy, este edificio, es el icono representativo de la ciudad de Bruselas.

    Cuando mi tío vino de Cuba la primera vez fue en el año 1.956, pero en este segundo viaje de 1.958, yo ya tenía 7 años, y me dejó recuerdos imborrables.

    Recuerdo que, al regreso de Bruselas, mi padre me llevó a Madrid a recoger a nuestro tío en el aeropuerto de Barajas, con el fin de traerle para Asturias.

    Después de visitar a la familia, decidió instalarse en nuestra casa de Pola de Lena, algo por lo que siempre me sentí muy afortunada. Me consta que mis padres también, porque era un ser de tal bondad, inteligencia y sencillez, que cualquiera se sentiría orgulloso de poder tenerle cerca.

    Más allá de su indiscutible valía profesional, me quedo con su dimensión humana.

    Era una persona polifacética y muy simpática.

    Siempre nos hacía reír con sus anécdotas. Un hombre bueno, en todos los aspectos de su vida. Además, tenía un don de gentes increíble, y un gusto exquisito por la lectura (Era bibliotecario, en San Juan de Letrán, en La Habana).

    Su carácter era muy cordial, siempre parecía estar de buen humor y tenía una palabra amable para todo el mundo. Mostraba siempre una actitud serena, ante las dificultades que se le presentaban y ante las metas que se proponía.

    Aunque yo era todavía muy pequeña, en mi mente quedaron grabados los buenos recuerdos de aquellos veranos inolvidables que pasó con nosotros.

    En el convento de La Habana, tenía instalado su propio laboratorio, donde hacía análisis clínicos y demás experimentos. También tenía su telescopio, ya que la Astronomía era algo que le apasionaba desde siempre.

    Vienen a mi mente aquellas noches serenas del verano en Pola de Lena, cuando el cielo estaba estrellado, y salíamos  siempre a pasear después de la cena. Él iba hablando con mi padre de las constelaciones, y cada día explicaba alguna de ellas.

    Daniel, mi padre, había heredado la inteligencia de su tío y, aunque la vida les llevó por diferentes caminos, conectaban entre sí de maravilla.

    Después de varios días observando las estrellas, en uno de los paseos nocturnos, en que iba hablando sobre una de las constelaciones, mi padre asombrado de sus conocimientos en la materia, le dijo: Pero ¿Las conoce todas? A lo que él humildemente respondió: He procurado metérmelas todas en la cabeza.

    Si tenemos en cuenta que oficialmente se reconocen 88 constelaciones entre el Hemisferio norte y el Hemisferio sur, es fácil darse cuenta de su capacidad mental.

    En nuestra casa, recuerdo verles sentados ante una mesa grande, llena de cables, bobinas, tubos de ensayo, etc…Siempre estaba haciendo algún experimento, y a mí me dejaba absorta, viendo los resultados. ¡Eran asombrosos!

    Luego, me enseñaba cosas propias de mi edad.

    En aquel tiempo, los niños no conocíamos los globos que se hinchan con gas. Me enviaba a comprarlos en el quiosco, y luego en una botella que contenía un determinado ácido, echaba unos trocitos de cinc. Cuando aquello empezaba a burbujear, colocaba el globo en la boca de la botella hasta que se hinchaba. Luego lo ataba con un hilo largo y le ponía un muñequito recortado de papel en el extremo.

    Yo, salía la mar de contenta a enseñárselo a los niños en la calle, y luego lo soltábamos a volar.

    Fumaba puros habanos (Cohíbas), y recuerdo que me llamó la atención verle cómo los encendía con una lupa que solía llevar en el bolsillo. Cuando el sol pegaba en el cristal, empezaba el cigarro a humear, luego le daba una calada y se encendía el cigarro.

    Así que un día, ni corta ni perezosa, me puse manos a la obra, hasta que dejé la blusa de mi uniforme del colegio como un colador, de tantos agujeritos quemados por la lupa y el sol.

    Yo estaba feliz, y completamente asombrada de todo lo que descubría.

    Nunca olvidaré mi muñeco negrito de piedra.

    Lo dejaba siempre sentado en una repisa del armario de la cocina, y un día observé algo que me dejó estupefacta.

    El muñequito, estaba vestido con un pantalón de peto y tirantes. ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando descubrí que por dentro del peto asomaba  dobladito un billete de 25 pesetas.

    Después de enseñárselo orgullosa y asombrada a toda la familia, lo guardé en mi hucha.

    Todos los días, en cuanto me levantaba de la cama para ir al Colegio, iba corriendo a ver al muñeco y ¡Oh Cielos…! ¡Allí estaba un nuevo billete! Así todos los días del verano.

    Años después, supe que se trataba de las 25 pesetas que le abonaban diariamente a mi tío en la Iglesia, por decir la Misa.

    A veces observaba con asombro, cómo colocaba tubos fluorescentes dentro de las vitrinas de cristal de nuestra relojería de LA FUENTINA, y se encendían, sin estar conectados a ningún cable. O como, gastaba bromas a un grupo de personas que estaban cogidos de la mano en corro, conectándoles a escondidas una corriente que les producía cosquilleo. Todos estallaban en risas y bromas.

    Mis padres tenían coche, lo que les permitía poder desplazarse fácilmente a cualquier sitio. Tanto a mi tío como a mi padre, les apasionaba la montaña, lo que hacía que fueran muy frecuentes nuestras escapadas a los lugares más pintorescos de Asturias.

    Íbamos a menudo por el Valle del Huerna, y recogíamos avellanas y moras  en nuestros recorridos, porque abundaban muchísimo.

    En sus conversaciones con mi padre, recuerdo haberle oído comentar, que había fabricado y luego instalado un aparato en el tejado, que aprovechando la luz solar, servía para calentar toda el agua que se consumía en el convento.

    Teniendo en cuenta que eran los años 50, eso era realmente asombroso.

    También hablaba sobre un ingenio azucarero sobre el que estaba trabajando, para lograr transformar la caña de azúcar en energía.

    El último verano que pasamos juntos, yo tenía 13 años. Desde nuestra casa, fue trasladado a la ciudad de Almería, donde falleció al poco tiempo.

    Aquello, puso fin a una de las mejores etapas de mi infancia.

    Muchos años después, en 2.008, mientras tomaba un café y leía la prensa en Oviedo, vi una noticia que me llamó la atención:

    El Principado de Asturias, a través de la Agencia Asturiana de Cooperación al Desarrollo, había firmado un Convenio de Colaboración con La Habana, para la rehabilitación del Convento de San Juan de Letrán, y quien estaba al frente de las gestiones era el Rvdo. Padre Manuel Uña.

    Sin dudarlo, me puse en contacto con la Administración del Principado, y una vez hechas las gestiones oportunas, me facilitaron la forma de poder contactar con el Rvdo. Padre Manuel Uña.

    Guardo como oro en paño, la carta que me escribió un 5 de julio desde San Juan de Letrán en La Habana.

    Entre otras cosas, me indicaba que él había estado en el convento de Santo Domingo (Almería), donde mi tío pasó la última parte de su vida, y la noche que falleció.

    Me dice recordar a mi tío, como un hombre ideal para la vida fraterna en comunidad, sumamente inteligente, un verdadero sabio, como lo había demostrado en los conventos de Nuestra Sra. Del Monte Carmelo, de Cuevas del Río Almanzora (Almería) y más tarde en Cuba.

    En su carta, me indica también que, el día que tomó posesión de Gobernador de Almería, D. Luis Gutiérrez Egea, se acercó al Santuario de la Virgen del Mar, atendido por los dominicos, y le faltó tiempo para decir con emoción y orgullo: “Yo tuve de profesor en Cuevas, al Padre Jesús Delgado”.

    Tan pronto supo que había sido asignado a aquella comunidad, se acercó a saludarle, y el día de su muerte estuvo presente en el entierro.

    En su carta, me aporta los siguientes datos:

    *Estuvo asignado al convento de San Juan de Letrán en La Habana, y también al de Cienfuegos.

    *En La Habana, fue profesor de Matemáticas, Física y Química, en el Seminario diocesano del Buen Pastor.

    *Fue también bibliotecario y sacristán, en el convento de San Juan de Letrán (La Habana).

    *Fue inventor del HELIO TERMO, o sistema de calentador de agua por energía solar, y lo instaló en el convento de Cienfuegos, en el arzobispado de La Habana, y en el convento de San Juan de Letrán.

    *En el laboratorio, con los llamados reactivos de Fermín, él mismo hacía sus análisis clínicos de orina.

    *Fue pues, un sabio y siempre tenía un gran sentido del humor. Todos le apreciaban mucho. 

    El Rvdo. Padre Manuel Uña, me indica también en su carta, que su inteligencia y buen sentido del humor, lo tuvo hasta el último momento. La muerte le sorprendió rezando el rosario a la Virgen.

    Finaliza su carta, dando gracias a Dios y a mí, por hacer lo imposible para que no se pierda su memoria.

    El mundo necesita gente alegre y con la conciencia tranquila, tal como él era. Escuchaba y respetaba a los que no pensaban como él, buscando puntos de encuentro, para lograr la armonía.

    Todos deberíamos respetar la bandera del prójimo. Eso facilitaría la convivencia y la paz en el mundo.

    Fue un hombre adelantado a su tiempo, que lograba sacar siempre lo mejor de los seres que le rodeaban. Tenía una energía positiva y contagiosa.

    Una de sus grandes cualidades, era la humildad. No le gustaba la pomposidad, ni ser el centro de atención, pero no obstante, atraía todas las atenciones por su forma de ser. Muy humano, cordial, genial y difícil de olvidar.

    El mejor regalo que podemos hacer a los demás, es el ejemplo de nuestra propia vida. Por eso, es de agradecer encontrarse con personas que nos regalen el testimonio de su propia vida, tal como fue en su caso.

    Querido tío Jesús, allí donde estés, quiero que sepas que te queremos y te echamos en falta.

    Fue un honor poder tenerte entre nosotros, algo que no olvidaremos jamás.

    Pero quiero que sepas también, que alguien como tú nunca muere porque nos dejaste tu testimonio de vida, y en él quedó impresa para siempre tu alma.

    Ahora tú ya eres una estrella, que brilla con luz propia, como brillaste en vida, y contribuirás a alumbrar con tu luz, la oscuridad del mundo en que nos movemos.

    Espero encontrarte en la eternidad, donde seguiremos hablando, y seguirás enseñándome muchas cosas.

 Fdo. MARIBEL DELGADO.

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