Opinión | CARTA DEL DIRECTOR

¿Qué nos está pasando?

  • AVELINO LLERA

Por supuesto que la libertad de expresión tiene que ser, y es, un derecho. Y la crítica forma parte del ejercicio de ese bien democrático. Es más, si ésta es constructiva puede resultar incluso beneficiosa. Hasta aquí no cabe mayor discusión. Otra cuestión muy diferente es hacer del reproche y del desacuerdo una forma habitual de manifestarse, algo que ya han tomado por costumbre determinadas personas que se han arrogado cierto protagonismo en las redes sociales (en otros ámbitos menos virtuales pasan bastante más desapercibidas, por sus escasas o nulas aportaciones en favor de la comunidad en la que residen).

Hace un año por estas fechas reinaba un sentimiento general de que tras el confinamiento que nos recluyó en nuestros domicilios, y que nos llevó a emitir un amplificado aplauso cada atardecer desde ventanas y balcones, se reforzaría la solidaridad y se estrecharían los lazos de fraternidad entre vecinos. Muy al contrario, la realidad demuestra que el bajón anímico colectivo ha sacado a relucir una vena de protesta y hasta de rabia que hace que muchos estén a la que salta. A la mínima, zasca, como se dice ahora. De hecho, cualquier noticia que se publica en los medios de comunicación digitales, por muy positiva que sea, acaba convirtiéndose en una válvula de escape para quejas y desahogos múltiples. Un ejemplo gráfico y cercano en el tiempo: días atrás en LA VOZ DE LENA se anunciaba la adecuación de una parcela en la calle Hermanos Granda, frente al Colegio “Sagrada Familia-El Pilar”, en la que, tras ser demolidas unas viviendas en ruina que ofrecían una deplorable imagen, se están acondicionando unos jardines en los que se colocarán unas de esas “letronas de bienvenida”, un área urbanizada que dará un aspecto muy distinto a lo que hasta hace nada era una penosa fachada. Pues de la docena de comentarios en los que se valoraba esa actuación en la red social “Facebook” todos, sin excepción, sacaban su lado negativo: que si existen otras prioridades en el Municipio, que si se ha dejado una entrada muy estrecha, que para cuando el arreglo de tal “caleya”, que urge más…

Otro ejemplo: con las restricciones decretadas por el alto nivel de riesgo de contagios por coronavirus ha emergido un espíritu policial que nos ha trasladado, para su publicación, obviamente, un torrente de denuncias sobre supuestas concentraciones de jóvenes por todos los rincones, “botellones”, infracciones al cierre perimetral (en algunos momentos parecía que se había quedado Lena sin un alma, pues estaban todos en Oviedo y Gijón), encuentros “multitudinarios” en bares, mascarillas por debajo de la barbilla…

Cómo no, a los periodistas se nos mira con lupa nuestro trabajo y cualquier error o equivocación se enfatiza hasta extremos insospechados, se pone constantemente en tela de juicio nuestra independencia informativa, se nos acusa de ser portavoces de intereses políticos… En fin.

Evidentemente, esto es predicar en el desierto, pues no se van a cambiar las conductas de esos disconformes con todo lo que les rodea, que se quedan tan a gusto cuando plasman por escrito sus incesantes desacuerdos, pero, bueno, siquiera hacerles un pequeño ruego: que no malgasten todas sus fuerzas en tantos reproches y que hagan algo productivo y provechoso por el pueblo en el que viven, porque a la postre, como decía aquél, “por mis obras me conoceréis”.

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