Opinión | CARTA DEL DIRECTOR

Nos queda algún motivo para la esperanza

Resulta muy difícil descubrir algún motivo para la esperanza tras un año en el que pagamos un elevado tributo por vivir en un mundo globalizado que hizo que penetrara en nuestras familias, allegados o en carne propia un virus lejano que nos obligó a cambiar costumbres, que nos encerró durante más de dos meses en nuestras casas y que tumbó un resurgir económico que parecía vislumbrarse en el horizonte después de una larga etapa de crisis. Pero no queda otra que arremangarse y seguir luchando por salir adelante, tomando como ejemplo a aquella generación que consiguió reconstruir un país devastado por una cruenta guerra civil.

La Covid-19, con ese torrente inagotable de información sobre los índices de infectados y las dolorosas cifras de los fallecimientos que se ha ido cobrando la pandemia, de los avances en las vacunas, los cierres perimetrales y de negocios… ha eclipsado otras noticias que no conviene pasar por alto y que invitan siquiera a encarar con una pizca de optimismo el futuro más inmediato. Y entre ellas hay que detenerse en las fuertes inversiones anunciadas para tres obras por las que hace mucho tiempo que se espera en Lena: la reubicación del Centro de Salud de La Pola, la urbanización del polígono industrial de Villayana y la modernización de la Estación Invernal “Valgrande Pajares”. De consumarse esas actuaciones estaríamos ante un antes y un después para un Municipio que hoy está más muerto que vivo.

A las anteriores se pueden sumar otros proyectos que están en vías de ejecución o afrontan su recta final, como, por supuesto, la “eterna” Variante Ferroviaria del Pajares (hay que insistir hasta el aburrimiento en la reivindicación que pide que la estación central de Asturias se ubique en el Concejo), la adecuación del área empresarial de El Masgaín o la apuesta por el turismo, que tan buenos réditos ha dado y que desde hace unas semanas tiene una baza más a su favor, con la entrada de tres restaurantes lenenses (“Casa Farpón”, en Mamorana; “Monte”, en San Feliz, y “Roble”, en el barrio de Robledo) en la prestigiosa “Guía Michelín”.

Días atrás se firmaba el convenio para inyectar 5 millones de euros en Villayana, lo que supondrá la culminación de un marco industrial que si bien acoge a dos fábricas, la de “Asturiana de Laminados” (“Asla”) y la de “Rioglass”, muestra unas condiciones tan precarias (ni siquiera tiene unos accesos dignos) que impiden que sea competitivo, aun con su estratégica posición, muy cerca de la Meseta y a pocos minutos de los principales focos urbanos de la región. Su potenciación repercutirá en la consiguiente creación de empleo y en un beneficio común para el territorio. Por supuesto.

Qué decir a estas alturas de la estación de esquí de El Brañillín, la más veterana de la Cordillera Cantábrica, que se cae a cachos. Sin embargo, se ha demostrado que con una mejora de sus viejos servicios será, con toda seguridad, polo de atracción para miles de visitantes cada año. Con los 10 millones aprobados por el Principado se le dará, sin duda, una imagen muy distinta.

Y sí, el traslado del ambulatorio médico a La Ería tiene y debe ser una realidad inmediata. Ya basta de debates y traiciones políticas, que nunca podrán justificar que a los lenenses se les prive de una prestación tan esencial.

Animo para todos y que mucho que nos robó este maldito 2020 nos lo recompense, a poder ser con creces, el 2021.

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