Ni feria ni mercado

Desde finales de los noventa hasta el 28 de agosto de 2004 se sucedieron unos encuentros culturales de Las Polas de Asturias y León que echaron a andar en Lena y que luego recalarían en los municipios de Allande, Siero, Laviana, Somiedo, Aller (La Pola del Pino), Gordón y Sobrescobio (La Polina, en Rioseco). Sin embargo, tras ocho convocatorias en cinco años los alcaldes decidían suspender una citas que habían cosechado unos resultados muy positivos. En palabras del entonces primer edil lenense, Hugo Alfonso Morán, se había cerrado un ciclo y era el momento de “un giro”. Pero el proyectado cambio sigue sin concretarse a día de hoy.

En la memoria aún perdura cuando al Concejo le tocó el papel de anfitrión, con una afluencia impresionante, que dejó sustanciosas ganancias en la hostelería y en unos productores autóctonos que vendieron repostería casera, miel, empanadas, embutidos… Eso sin contar la consiguiente promoción turística, con la ermita prerrománica de Santa Cristina como estandarte, y de los conjuntos folklóricos locales.

Con posterioridad, aunque con un enfoque muy distinto, recogieron el testigo unas ferias del “stock” en las que tiendas de ropa, calzado y de decoración sacaban restos de temporada a precios de liquidación. En el Polideportivo “Jesús Suárez Valgrande”, de El Masgaín, también hubo una edición número cero del “Festival de les Montañes”, financiado por el “Consorcio de la Montaña Central”, un evento del que acabaría apropiándose la localidad allerana de Cabañaquinta. Más reciente ha sido una reunión de tejedoras de “patchwork”, que atrajo a decenas de aficionadas a esa expresión artística al pabellón cubierto del Colegio “Jesús Neira”.

Es innegable que el pequeño comercio atraviesa una etapa muy difícil. A la dura competencia de las grandes superficies se ha sumado la oferta “on line”, que amenaza la supervivencia de muchos negocios. De hecho, en el paisaje de las calles son cada vez más cotidianos los letreros que anuncian traspasos o alquileres de establecimientos. Por ello, cualquier iniciativa que suponga la llegada de personas siempre será tremendamente agradecida. Pues bien, en el Ayuntamiento hay una oficina que fue creada con la misión de dinamizar el sector y su función tiene que ser la de activar mecanismos que redunden en beneficios para un gremio al que le cuesta subsistir. Magnífico lo del concurso de escaparates navideños, en estas fechas, pero se queda corto.

Desde este periódico se han lanzado algunas ideas, como impulsar intercambios con la comarca leonesa de La Tercia (una demarcación limítrofe, no conviene olvidarlo), con unas costumbres y tradiciones que se diferencian de las de este lado de los montes payariegos. Pero aquella propuesta, como otras, caería en saco roto.

Tampoco se ha conseguido potenciar el mercadillo semanal de los sábados, en los últimos tiempos con unos pocos puestos que le dan un aspecto desangelado. Ni un plato típico de esta tierra, más allá de las raciones de callos que se sirven por Les Feries. En otros lugares, en cambio, sí se han consolidado jornadas gastronómicas en torno a las cebollas rellenas, la matanza, el pote…, que concitan a muchos comensales en los restaurantes y sidrerías. Es ésta una gran asignatura pendiente en un territorio rural con un buen número de cuadrillas de caza y con sobrados argumentos para obsequiar a los paladares con alimentos de la huerta y de la ganadería. No se entiende, por ejemplo, que en los meses del invierno acudan cientos de esquiadores a la estación de Valgrande y que apenas haya reclamos para disfrutar del fin de semana en La Pola, salvo los que organizan ocasionalmente contados industriales de la hostelería en sus bares.

En tiempos de crisis la única salida pasa por exprimir al máximo la imaginación y sacar rendimiento a los recursos de los que dispone un territorio con una ubicación geográfica privilegiada, en la puerta de entrada a la región. O eso o a verlas pasar.

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