Grabación de una conversación

Jurislena Abogadas, 01 Marzo 2017

Una de las dudas que nos consultan con frecuencia es la legalidad de las grabaciones de conversaciones entre particulares. No hay que olvidar que una grabación puede constituir una prueba fundamental en cualquier tipo de procedimiento judicial, siendo en la mayoría de los casos un elemento primordial para el dictamen de la sentencia.

El Tribunal Constitucional se ha manifestado al respecto en varias ocasiones señalando que “quien graba una conversación de otros atenta, independientemente de toda consideración, al derecho reconocido en el artículo 18.3 CE. Por el contrario, quien graba una conversación con otro no incurre, por este solo hecho, en conducta contraria al precepto constitucional citado”.

Por tanto, la ilegalidad reside en la grabación de una conversación ajena, siendo el primer requisito imprescindible ser parte en primera persona en dicha conversación. 

Pero, además, hay que matizar lo siguiente: la línea jurisprudencial del Supremo se ha pronunciado afirmando que “la grabación de una conversación que tiene lugar entre dos personas y que uno de los intervinientes desea conservar para tener constancia fidedigna de lo tratado entre ambos no supone una invasión de la intimidad o espacio reservado de la persona, ya que el que resulta grabado ha accedido voluntariamente a tener ese contacto y es tributario y responsable de las expresiones utilizadas y del contenido de la conversación, que bien se puede grabar magnetofónicamente o dejar constancia de su contenido por cualquier otro método escrito. Cuando una persona emite voluntariamente sus opiniones o secretos a un contertulio sabe de antemano que se despoja de sus intimidades y se las trasmite, más o menos confiadamente, a los que les escuchan, los cuales podrán usar su contenido sin incurrir en ningún reproche jurídico”.

Es decir, dicha grabación constituye un medio de prueba totalmente admisible en un procedimiento judicial. Sin embargo, no se considerará prueba válida aquella conversación grabada por un tercero ajeno a los intervinientes, pudiendo incluso incurrir el autor de dicha grabación en la vulneración de un derecho fundamental.

Por último, se debe tener en cuenta el uso que se vaya a dar a la grabación. Independientemente de que haya sido realizada de manera lícita, puede constituir un delito el uso que con posterioridad se haga de la misma. Imaginemos, por ejemplo, que la grabación se difunde por medio de una red social. Dicha difusión puede incurrir en un delito de intromisión en la intimidad, el derecho al honor o la propia imagen de la persona afectada.

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