Opinión | CARTA DEL DIRECTOR

Estación por población

El dato es preocupante. Extremadamente preocupante. En este 2020 el padrón de Lena ha caído por primera vez por debajo del umbral de los once mil habitantes. Los cómputos realizados por el Servicio Municipal de Estadística reflejan 10.989 censados, lo que se traduce en 97 menos que los registrados en 2019 y un nuevo mínimo histórico en un descenso progresivo que comenzaba allá por 2003, cuando los recuentos daban cerca de catorce mil. Es más, los analistas aventuran que aún no se ha tocado fondo, ya que si al hecho de que las defunciones superan con creces a los nacimientos se suma que los jóvenes se están marchando hacia otros lugares en busca de oportunidades laborales da como resultado el famoso “blanco y en botella”.

Ante la dinámica demográfica tan negativa en la que ha entrado el Municipio (por otro lado común a la práctica totalidad de los términos asturianos, salvo contadas excepciones) urge buscar soluciones. Es evidente que el polígono de Villayana no se ha erigido en el foco generador de empleo que se esperaba cuando en la década de los noventa del siglo pasado empezó a fraguarse un parque industrial que todavía está sin urbanizar y sin unos accesos adecuados (tan increíble como verídico), mientras que de aquellos planes que hablaban de implantar empresas en La Cobertoria o en los terrenos de la antigua base de operaciones de las constructoras de la Autopista del Huerna (AP-66), en Sotiello, no ha vuelto a haber noticias. Hasta hay naves libres en El Masgaín, a la espera de alquiler.

Durante estos años se han dejado pasar demasiados trenes. Habría que remontarse incluso a aquellos tiempos en los que nos ilusionamos con el camelo del evaporado parque temático “Legendarium”, que impidió que se aprovechase una época dorada, previa al estallido de la crisis de 2008, en la que fluían las ayudas a la reindustrialización. Tampoco se ha sacado provecho a una magnífica ubicación geográfica y a unas excelentes comunicaciones, tanto con el centro de la región como con la Meseta, para ofrecer, por ejemplo, un marco logístico a multinacionales de reparto de mercancía que hoy mueven miles de paquetes al día en el Principado. Otros ayuntamientos, como los de Siero y Llanera, en cambio, sí supieron captar esos almacenes, que precisan del correspondiente personal.

Se han perdido muchas oportunidades, pero queda un clavo al que hay que agarrarse, aunque esté ardiendo: la estación central del AVE en Asturias. Con el anuncio de que la Variante Ferroviaria del Pajares será inaugurada en 2022 (a ver si es verdad, porque después de tantos plazos traspasados se recomienda esperar a verlo para creerlo) han surgido opiniones de los más diversos colores, pero la mayoría alejan el futuro apeadero provincial del Concejo. Los responsables del Ministerio de Movilidad y Transportes se inclinan por un intercambiador de ancho de vía, en las inmediaciones de Campomanes, y que las unidades continúen viaje hasta Oviedo y Gijón, en lugar de la pretendida parada y una conexión con “lanzaderas” hacia ambas ciudades. No es no. Ya no sólo por el tremendo daño medioambiental que han causado las obras de la doble vía de Alta Velocidad en un paisaje antaño verde, sino porque si en los discursos políticos se pregona con insistencia que hay que fomentar la descentralización de servicios y activar mecanismos que contribuyan a fijar población, probablemente no haya mejor manera de relanzar esta zona. La estación autonómica del AVE nos corresponde, por derecho, y no podemos renunciar a ella. Llegado el caso, sin descartar la movilización. Porque ya está bien de que nos tomen por el pito del sereno.

Comentarios

No hay comentarios

Para poder dejar sus comentarios debe estar logueado en la web. Registrarse