Opinión | TRIBUNA LIBRE

El chigre

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

El dramático vacío actual de los pueblos viene de lejos. Y si en este tiempo algún proyecto institucional hubiese tenido como objetivo frenar ese triste desfilar hacia la urbe de jóvenes y no tan jóvenes hoy la Asturias rural tendría otro futuro por delante. Pero nunca hicieron nada, salvo en negativo, que fue cerrar escuelas y gravar con impuestos urbanos algo tan sencillo como el chigre, de arraigada traición en las aldeas (y después se les llena la boca con una fiscalidad diferente para el ámbito rural, como dicen con tanta facilidad como mienten).

En fin, sepa, amigo lector, que el chigre tenía su importancia en los desparramados pueblos de nuestra región. Era el centro social que una viuda con hijos había puesto para subsistir en aquellos tiempos en los que las pagas eran miseria repartida y el recurso principal era el autoconsumo, con la enfermedad y el hambre como sinónimos. Pues bien, al rincón disponible de la casa acudían los paisanos, después de fatigas y trabajos, a tomar un “vasín” y a confraternizar, bien con la partida al tute o con la conversación. Era el centro de la solidaridad vecinal, que daba al pueblo una identidad como comunidad en la que nunca sus miembros eran extraños unos con otros. Y allí lo mismo se limaban las asperezas por un deslinde que afloraba, con fuerza, la sombra de Caín, que persistía sin límite de tiempo. Porque el chigre tenía sus adictos, que eran los habituales de siempre, los paisanos, o sus detractores, como aquellas amas de casa a las que no llegaba el jornal para la comida de sus hijos porque el sueldo quedaba convertido en vino. Es lo que cuenta Leopoldo Alas, “Clarín”, sin ambages, en el capítulo XV de su novela, cuando habla de Paula Raíces, la madre del magistral, quien abrió un chigre al lado de una mina de carbón: “La taberna prosperaba ... y allí los mineros apagaban la sed y el hambre, y la pasión del juego que dominaba a casi todos”. Esta Paula Raíces es un personaje literario único, caracterizado por la avaricia y la ambición, todo en función del hijo, Fermín de Pas, y que debería ser la patrona mayor de los chigres y chigreros de Asturias.

Para terminar, y ahora que tanto hablan de la España vacía, que es lo mismo que las aldeas vacías, volver al chigre que se perdió tiene un nombre: centro social, espacio donde será un privilegio convivir para los penúltimos que lo hacen en comunidad. 

 


 

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