Opinión | CARTA DEL DIRECTOR

De ésta también saldremos

En los días de reclusión forzosa en nuestros hogares hemos leído decenas, centenares de opiniones, comentarios, denuncias y críticas sobre la histórica situación que estaba viviendo el país una vez que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, decretó el estado de alarma nacional, el 15 de marzo. Unos dieron rienda suelta a sus dedos en los teclados para escribir reproches a las actuaciones de las autoridades sanitarias y gubernamentales, otros lamentaban la irresponsabilidad de ciertas personas… Como se suele decir, cada aficionado lleva dentro un seleccionador en su deporte favorito.

Entre todos esos textos, fotografías, videos y “memes” con los que nos han hecho pasar el rato las redes sociales apareció en escena un anciano, quien ante la improvisada cámara que le estaba grabando se preguntaba dónde estaba el problema si las neveras y los armarios de las casas estaban repletos de comida (sí, también de rollos de papel higiénico; por descontado) y no faltaba ni la calefacción ni el agua caliente. A él, como a todos los de su edad, le había tocado sufrir los rigores de la Guerra Civil y una postguerra extremadamente dura, una época de la que los de las siguientes generaciones tan sólo tenemos referencias por lo que nos han contado. Deberíamos repasar esa vieja lección. Fundamentalmente porque si ellos lograron salir adelante en aquellos tiempos de penurias, hambruna y necesidades, no vamos a ser capaces de conseguirlo nosotros, que tenemos a nuestro alcance las más modernas tecnologías, sofisticados vehículos, conexiones aéreas con cualquier punto del planeta…

Sobre los lenenses pesa una fama, quizás inmerecida, de apáticos. Sin embargo, en los dos penosos meses de inacabable cuarentena se han sucedido las manifestaciones de confraternización vecinal, con muchos voluntarios que se ofrecieron para prestar atención a mayores que están solos, con aplausos en apoyo a los trabajadores y trabajadoras que tuvieron que estar al pie del cañón, con banderas de Asturias y de España en los balcones y ventanas… Hasta aquí maravilloso, pero ahora hay que dar un paso más.

En Lena, tras la paulatina liquidación de las explotaciones mineras de la Comarca y la caída de la construcción, el principal sector es el terciario. Es decir, el comercio y la hostelería. Son muchos los pequeños empresarios de esas actividades que tratan de recuperarse del tremendo batacazo que ha sacudido los pilares de sus negocios. Dejar de percibir ingresos durante tantas jornadas de cierre cuando los gastos (recibos de luz y teléfono, alquiler de local, nóminas de empleados, pagos de maquinaria y a proveedores…) siguen corriendo pone al borde del precipicio a cualquier economía doméstica, ya de por sí en la cuerda floja. Las cuentas no cuadran y las ayudas siempre se van a quedar cortas.

Ante este oscuro panorama la única salida que se vislumbra pasa porque esa misma solidaridad que se ha demostrado con cánticos y vítores tenga la consiguiente prolongación. En estas páginas se ha insistido hasta la saciedad en un llamamiento para que las compras se realicen en los establecimientos del Municipio. En estos momentos con mayor motivo. De lo contrario, apaga y vámonos. Estaríamos dando la puntilla a unas cuantas tiendas y empleos, algo que desembocaría en un descenso demográfico todavía más acusado del que ha experimentado al Padrón en estos años. No se trata de alarmar, sino de anticipar lo que será, por desgracia, una triste realidad.

Internet, esa agradecida salida al mundo que hemos podido disfrutar durante el inolvidable periodo de puertas para dentro, tiene que dejar de ser, al menos temporalmente, ese saturado canal de adquisición de artículos (por cierto, en la mayoría de las veces procedentes de China, origen de la COVID-19) que inunda las calles de repartidores de mercancía. Para recuperarnos tenemos que estar más unidos que nunca y echar un cable a ese comerciante de barrio que se encuentra detrás del mostrador para cuando se necesita una prenda, una libreta, un mueble, un detalle para regalar, una fotocopia, unos zapatos, un saco de cemento... Lo que sea.

O decretamos un figurado “cierre de fronteras”, que incluya también un “confinamiento” de fin de semana en nuestros bares, o el coronavirus puede ser la estocada definitiva que desmantelará lo poco que queda en pie en esta tierra. Está en nuestras manos.

Comentarios

No hay comentarios

Para poder dejar sus comentarios debe estar logueado en la web. Registrarse