Cómo que no

Recordar como era el Valle del Güerna y los alrededores de Campomanes a principios de este siglo bastaría para llegar a la conclusión de que toda compensación que se conceda a Lena por los estropicios provocados por las obras de la Variante del Pajares va a quedarse extremadamente corta. Aunque se invirtiesen paladas de dinero en esta dañada tierra, que no parece que vaya a ser el caso.

Hace unas semanas la dirección del “Administrador de Infraestructuras Ferroviarias” (“ADIF”) aprobaba sacar a licitación el proyecto de reforma de la estación de ferrocarril de La Pola, con una consignación presupuestaria de 5.127.836,64 euros. Hasta aquí todo correcto. Más que nada porque esas obsoletas instalaciones muestran una imagen tercermundista. Pero la otra cara de la moneda la enseñaba la presidenta de este organismo, que depende directamente del Ministerio de Fomento, Isabel Pardo de Vera, al rechazar de plano que la localidad acoja el apeadero central del AVE en cuanto los trenes de Alta Velocidad entren en Asturias, que se supone que será algún día de esta década, tras tantas fechas anunciadas como retrasos acumulados.

Según se desprende de las declaraciones realizadas a la prensa por Pardo de Vera, sólo se prevén paradas en periodos de temporada alta de vacaciones o en los puentes y festivos que coincidan con la campaña de esquí, pues considera que de lo contrario no sería eficiente. Está muy equivocada. Dejando a un lado que en este país se derrochasen miles de millones en aeropuertos sin viajeros e incluso en estaciones en las que hoy crecen las telarañas, el reclamado apeadero para el Municipio tendría un radio de cobertura que, por proximidad, daría servicio a la cuenca del Caudal, a buena parte de la del Nalón, a Aller y, ampliando el círculo, a los términos leoneses de la comarca de La Tercia. O lo que es lo mismo, muchos usuarios potenciales, que no tendrían que desplazarse hasta Oviedo para tomar ese medio de transporte. Si a ello se añade el coste descomunal que supone alargar el trazado férreo hasta el centro de la región, para un ahorro insignificante de tiempo, los argumentos de la responsable del “ADIF” se caen por su propio peso.

Pero aún se pueden aportar más razones para sacarle de su error. Como que las referidas dependencias redundarían en un beneficio económico sustancial para el sector hostelero y comercial de una demarcación que está acusando el cierre de las explotaciones de carbón y que se prepara para una segunda, y no menos dura, reconversión industrial, ligada a lo que se ha venido en llamar transición energética.

Desde el Ayuntamiento, por unanimidad de todos los grupos políticos que conforman la Corporación (un acuerdo que suele darse en contadas ocasiones), se reivindica ese equipamiento como uno de los pilares en los que asentar el futuro del Concejo. Y la demanda lenense ha recibido apoyos de diferentes instituciones y colectivos (uno de los más recientes, el del consejero de Infraestructuras del Principado, Juan Cofiño). Si es necesario respaldar la reclamación con movilizaciones populares, como las que se llevaron a cabo precisamente para exigir una conexión por ferrocarril más rápida con la Meseta, habría que mantener con firmeza la reivindicación.

Asimismo, tampoco debería demorarse el diseño de un plan para dar utilidad a las áreas en las que se han ubicado las bases de las contratas de la doble vía, un suelo que brinda unas posibilidades magníficas para la implantación de empresas no contaminantes. Si existe el mínimo resquicio para que se enfoquen a esa finalidad no se puede desperdiciar.

Ojala que entre en funcionamiento más pronto que tarde la Variante, pero que los lenenses, que han tenido que tragar polvo, barro y aguantar ruidos y un sinfín de molestias, no vean pasar las rápidas unidades hacia otros destinos, porque entonces sí, entonces se habrá perdido uno de los últimos trenes.

 

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