Opinión | TRIBUNA LIBRE

Chismes y cotilleos

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

El paleontólogo Arsuaga nos habla con un rigor científico admirable de todo lo referente a la evolución del hombre en detalles, trascendentes o nimios, que llegan hasta nuestros días y nos define el cotilleo y el chisme como recursos de comunicación. Cuando Arsuaga habla del chisme nos dice que  sirve para controlar la jefatura, porque los chismes son las piedras que les lanzamos para acabar con su reputación y para inhabilitarlo como posibles jefes de una tribu o comunidad. Por el contrario el cotilleo es una forma de coerción y represión que impide que alguien se aparte de la norma social establecida. Opresivo y represivo, sin duda, sobre todo en las comunidades más pequeñas, y por tanto más cerradas, como la nuestra. Sin embargo, la “chismografía” está más especializada y es el talón de Aquiles de los políticos, aunque nunca de los españoles, que niegan hasta el aire que respiran; por el contrario el cotilleo es más vulgar y zafio, incluso soez, propio de una sociedad ignorante que lee diariamente el horóscopo para marcar el día. Y es una fórmula vital en pleno apogeo por el tiempo sin límites que le dedican las “telebasuras” que alimentan el morbo en busca del beneficio. Y que no tiene sebe ni para la amistad ni el parentesco ni la vecindad. Hasta el punto que el mayor descaro en pantalla supone mayores ingresos económicos y títulos honoríficos como “princesa del pueblo”. Como se puede ver, la única diferencia entre “cotilleo” y “chisme” es la persona que sufre las consecuencias de algunos de estos recursos para el desprestigio. Porque es endémico en la sociedad y para nada tiene en cuenta el principio básico de la convivencia que dice que tu libertad se termina donde empieza la mía.

Y como siempre, con los recursos tecnológicos de los que disponemos en el mundo actual, y con el anonimato como recurso principal, es muy fácil utilizar cualquiera de ellos bien para el chismorreo o para el cotilleo. Y en lo que se llama redes sociales ya es por demás, pues la delicadeza y el respeto a la intimidad personal o familiar brillan por su ausencia y más si hay intereses políticos o morbo como mensaje principal. Con cierta tristeza, pues no hay quien le ponga límite a este mundo virtual, la educación y el respeto y la sensibilidad social no se dejan ver por ninguna parte. Lo único, tener suerte para no caer en los colmillos de esa fiera salvaje que nos acecha ya desde las primeras etapas de nuestra aventura vital como seres humanos. Somos así.

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