Opinión | TRIBUNA LIBRE

Campanas

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

Un día de octubre de 1.934, mientras tronaban los cañones y los disparos de la fusilería hablaban de nuevos enfrentamientos en Ronzón y alrededores, los vecinos de una parroquia lenense, alarmados, se juntaban en la carretera, donde el cruce; no querían que los revolucionarios llevasen las  campanas de su iglesia para fabricar cañones en Trubia.  

-Ya pasamos por la quema de los retablos porque eran muchos y estaban armados, decían, pero eso de llevar les campanes pa facer cañones en Trubia, ni hablar.

Y les campanes nun se llevaron.

 Y ahí siguen con la función que tienen encomendada desde siempre, sin límites de tiempo: fomentar la comunicación entre los vecinos de los pueblos dispersos por medio de sus tañidos, que lo mismo convocan a un acto religioso que anuncian la muerte y entierro o funeral de un vecino. O avisan de un incendio incontrolado. Es decir, las campanas cumplen una función religiosa, pero también cumplen un servicio civil, comunal, de gran importancia cuando no estábamos asediados por tanta tecnología.

Y como casi todos los pueblos del Concejo tienen su capilla, con sus imágenes, su espadaña y sus campanas (si no la robaron o la vendió el cura), dice mucho de sus vecinos la conservación del conjunto que cumplió una función social y religiosa desde los tiempos: no hay que olvidar que cuando los acechaban más penurias que alegrías para subsistir con la fuerza vital necesaria recurrían al silencio de su capilla, con las imágenes de siempre, a las que se encomendaban para vencer el mal que torturaba su alma. Y eso hay que respetarlo porque es un patrimonio espiritual que va más allá de casas y cuadras y praos; y cuya conservación sería argumento principal contra la desidia cultural, ignorancia, que en ocasiones se les atribuye a quienes viven en las aldeas.

Pues bien, este patrimonio espiritual que nos legaron, junto a caminos, fuentes, sebes, árboles y construcciones en piedra, ahora que los pueblos quedan deshabitados, sufrirán las consecuencias de una orfandad deshumanizada y correrán serio peligro por la abundante maleza que los destripará. Y como unos son más frágiles al tiempo que otros, por la soledad a la que están condenadas allá en su humilde espadaña, y porque están sujetas a robos como las de Fierros, no estaría de más que se resaltara su valor con un inventario, como ya se hizo en Urueña. Sería un buen ejemplo para demostrar el compromiso con el muy rico patrimonio rural donde está escrita la intrahistoria del Concejo y sus gentes. Ay, las campanas de Rosalía de Castro que "durarán más allá de nuestro olvido", como escribe Borges.


 

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