Opinión | TRIBUNA LIBRE

Cámaras para vigilarnos

La Voz de Lena, 13 Marzo 2017

José Fernández

En estos tiempos de cólera un concepto volátil suena y resuena en nuestra cabezas con las palabras “cierre perimetral”, que se repite una y otra vez en boca del señor presidente, Adrián Barbón, por su curil afán de aleccionar. Y una de las ideas que se nos ocurre trasladar a texto, por culpa del dichoso “cierre perimetral”,  es hablar de algo tan invisible como la eficacia policial en el control del movimiento de los ciudadanos. Y como en la vida misma, todo es un ovillo deshilvanado y hay unos energúmenos que “wasapean” con 26 millones de españoles fusilados y si a estos energúmenos añadimos a quienes con su silencio asienten y consienten con la idea pone los pelos de punta. Imagínense ustedes lo fácilmente que se controlaría a una población con cámaras estratégicamente colocadas, y puestas ahí, como argumento, para vigilar un tráfico más que normal, como puede ser el de La Pola.

¿Una idea descabellada? Decía Churchill que para ser buen político hay que saber historia. ¿Cuánto sabrá el concejal ese al que Dios iluminó para colocar esas cámaras en el casco urbano de La Pola? ¿Tendrá la osadía de negar la posibilidad de la idea expuesta anteriormente?

Cuando se deja de pensar por parte de una sociedad que vive en la conformidad, como es la nuestra y fueron otras anteriormente, suceden desgracias tan profundas como aquellas de las que Hannah Arendt escribió que eran el fruto de la “banalidad del mal”, una secuencia más del no pensar. Porque todo es impredecible. Y si quieren un ejemplo basta con ver la película “El legado de Bourne”. En ella se describe perfectamente para qué pueden servir las cámaras callejeras y hasta dónde puede llegar su eficacia. Es más, en ella hay un personaje que dice  al otro que “nuestro pasado te perseguirá siempre”. Parece que habla de España.

Desdramatizando, y para andar por casa, hay que decir que esas cámaras son el recurso técnico que confronta el principio de libertad con el de seguridad. Con esas cámaras en las esquinas se rompe para los lenenses el derecho a la propia imagen, el derecho a nuestra intimidad, que no es sólo estar sentado en el wáter; tenemos derecho a nuestra propia libertad personal sin que nadie esté colgado de la pantalla de un ordenador satisfaciendo una curiosidad ilimitada. Para vivir en La Pola, y vivir tranquilos, no es necesario depender en absoluto ni de la Policía Local, ni del edil correspondiente, ni de la alcaldesa de turno. Y más sabiendo que no hay ninguna ordenanza que trate este tema y establezca unos usos y ponga unas cortapisas y proponga una sanciones para quienes se pasen con el uso y abuso de los contenidos que las mismas puedan proporcionar. Que los habrá. Y es que entre unos y otros no nos dejan vivir.

 

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