No es necesario que los profesionales sanitarios nos digan que el agua clorada es segura. Ya sabemos que lo es. Obviamente. Es un campo que está legislado y controlado.

La cuestión es que desde determinados sectores de la sociedad existe un afán por criticar a la industria alimentaria, sí o sí, y lo hacen sobre todo porque las empresas que comercializan agua embotellada son privadas y atacarlas genera muchos “likes” y seguidores, lo que a su vez facilita vender decenas de libros, que te inviten para dar charlas, que te hagan entrevistas y, en definitiva, por qué no decirlo, ganar dinero. Pero no es justo.

Hay “gurús” que advierten del supuesto peligro que conlleva tomar un refresco “zero”, ya que sostienen que los edulcorantes sin kilocalorías pueden destrozar la microbiota intestinal (exageran, dado que un consumo moderado no supone riesgo alguno). Al tiempo incentivan el consumo de agua clorada y desvirtúan la mineral embotellada, asegurando que es una estafa, porque ni es mejor para la salud ni tampoco es sostenible desde el punto de vista ecológico. 

Pues bien, tanto denostar el agua embotellada y los refrescos edulcorados y se olvidan de que el cloro se añade básicamente para controlar los microorganismos. Por ello, no es descabellado pensar que un alto consumo diario durante años de agua clorada pudiera alterar la microbiota intestinal. Estudios realizados con ratones llegan a esa conclusión. Es verdad que no son seres humanos, pero veremos que pasa en el futuro.

Resulta muy de “revolucionario populista” lanzar dardos contra la industria alimentaria y utilizar ciertos argumentos cuando les interesan y callarse otros cuando no. Personalmente no creo que el agua clorada sea peligrosa, pero no es razonable colocarla por delante de la mineral y criticar a ésta. Tampoco se puede hablar de la incidencia de los edulcorantes en la microbiota por beber refrescos de forma moderada y omitir el posible efecto del cloro.

(El doctor Ramón de Cangas dirige clínicas de nutrición y dietética en la calle Uría, 38, de Oviedo; Saavedra, 4, de Gijón, y en González Abarca, 6, de Avilés)

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