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David de la Riva asume la dirección de “Cárnicas Campomanes”, fundada por su abuelo "Antón"

La Voz de Lena, 02 Marzo 2018

Es uno de los nietos del industrial de Zurea, ya difunto, Ramón Antonio Rodríguez González, al que se recuerda por “Antón” y también por aquella clásica furgoneta “DKW” de color azulón con la que repartía por los valles del Güerna y de Payares unas carnes que despiezaba en una carnicería que sería el embrión de una puntera empresa familiar, en manos de sus hijos: “Cárnicas Campomanes”. David de la Riva Rodríguez, a sus 37 años, asumía a principios de año la dirección del establecimiento y de la planta de curado de embutidos que la firma tiene en la parroquia que le da nombre, una vez que su tío Raimundo Rodríguez Alvarez, “Mundo”, ha decidido disfrutar de una merecida jubilación laboral.

“Llevo desde nenu en la carnicería. Siempre me gustó. Recuerdo que salía del colegio y me metía a trabajar con mi madre (la prematuramente fallecida Ana Rodríguez). A los diecisiete dejé de estudiar y fue cuando empecé en serio, con lo que y son veinte años en el oficio”, relata.

La mayor parte de su tarea la ha desarrollado en Campomanes, tanto en la fábrica como en la tienda al público, aunque en algunas etapas pasó por los negocios que la sociedad tenía en Oviedo y Mieres. En la actualidad está al frente de una plantilla de seis empleados. Entre ellos, una mujer que mantiene la venta ambulante por los pueblos del Concejo. “Ahora se cocina menos. Hay menos personas en cada vivienda y se tiende a lo rápido. Si antes se compraba la carne por kilos, hoy predominan los elaborados para freír y los precocinados. En esta nueva línea lo que ofrecemos es sin conservantes añadidos, lo más natural posible”, afirma.

David de la Riva da continuidad así al espíritu que ha llevado por bandera “Cárnicas Campomanes”. De hecho, todas las reses que comercializa proceden de ganaderos de la zona. “Compramos en vida y sabemos de donde proviene, lo que nos da plenas garantías. Si las explotaciones son pequeñas y el paisano alimenta directamente a los xatinos por lo general será mejor carne que la que salga de las granjas, en las que se suele cebar con piensos compuestos”, subraya.

La mecanización y, sobre todo, los controles de higiene y de prevención de riesgos para la salud humana, acentuados tras casos como los de la Encefalopatía Espongiforme Bovina (el llamado “mal de las vacas locas”) o la “gripe aviar”, han modificado sustancialmente los métodos de producción en un sector que ha tenido que someterse a profundas innovaciones tecnológicas. Con la ayuda de una subvención del programa europeo “Leader” De la Riva afronta una inversión en sus instalaciones que conllevará la renovación de maquinaria y la implantación de dos cámaras frigoríficas. También ha incorporado una tienda “on line”, a través de una página web (www.carnicascampomanes.com), por la que envían pedidos a cualquier lugar de España. “Al cliente le llega la carne a la puerta de su domicilio. Se embala, se prepara el paquete, bien al vacío o no, y se manda”, comenta.

Su apuesta más inmediata pasa por dinamizar sus preciados embutidos, probablemente por medio de un distribuidor nacional, pero descartando entrar en una gran cadena, un rechazo que justifica porque “suelen ir a precio y nosotros no estamos dispuestos a bajar la calidad para ser competitivos, pues perderíamos el sello que nos caracteriza. Considero que si algo tiene valor hay que pagarlo”.

El gremio de la carnicería no se ha librado de una crisis que ha abocado a muchos establecimientos a echar el cierre. Para David de la Riva la fórmula para hacer frente a esa recesión pasa “por muchísimas horas de dedicación y contar con buenos profesionales. Es esencial tener el material muy fresco, pues estoy convencido de que la gente no escatima en unos céntimos arriba o abajo si va a comer algo bueno. De todas formas, quisiera aclarar que he podido comprobar que en muchos artículos somos más baratos que las grandes superficies”.

En “Cárnicas Campomanes” se mantiene una línea de venta muy similar en vacuno, con pequeñas variaciones en función de la época del año (más en los meses de verano que en invierno), y quizás por las dietas o por restricciones económicas, o por ambas cuestiones, ha experimentado un incremento significativo el consumo de pollo (De la Riva advierte que “cunde bastante más un kilo de carne guisada que el pollo, con lo que el ahorro no es tal”). En cambio, el cordero está en horas bajas, “pues los productores nos marcan unos precios altos y no tenemos apenas margen de maniobra para ofertarlo”. Respecto a la carne de caballo, tan recomendada por los médicos y para cuya comercialización disponen de licencia administrativa, dice que “no sé por qué motivo, pero no existe demanda, cuando es rica. Es un poco más dulce, pero bien adobada sabe muy bien. Los chorizos de potro, que en ocasiones hacemos para particulares que nos los piden, son buenísimos”.

Y es que otro de los servicios que brinda “Cárnicas Campomanes” son los “sanmartinos” por encargo. “Si nos traen un animal que hubieran criado y con todos los registros veterinarios del sacrificio nosotros se lo embutimos y curamos”.

Al igual que “Mundo”, su sobrino opina que “no merece la pena” matar terneros para guardar en un arcón. “Al final entre lo que pagas por él, al matadero y a un carnicero por despiezarlo te sale casi igual que si compras chuletas o filetes cuando te apetezcan”.

“Cárnicas Campomanes” tiene, además, un comedor en el que se pueden catar sus productos ya cocinados: el restaurante que regenta la esposa de David de la Riva, el clásico, y rehabilitado con gusto, “Casa Manazas” (o “Venta Casimiro), en lo alto del puerto de Payares. “El embutido y la carne que se sirve es nuestra y, claro, procuro llevarle lo mejor, por la cuenta que me tiene”, sonríe. Asimismo, suministra a otros locales hosteleros y chorizos y morcillas a la tienda de su prima Inés, en la calle Padre Sarabia, en La Pola.

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