Noche de bodas y la ancianita

La Voz de Lena, 29 Octubre 2020

Esto era una madre que tenía tres hijas. Ante el casamiento de cada una de ellas la señora, en la noche de bodas, les pedía que le enviaran un mensaje sobre cómo iba el matrimonio y su luna de miel. Se casó la primera y dos días después llegó una carta que sólo ponía: “Champú Sintrox”. Al principio no lo entendió, pero leyendo una revista vio un anuncio que decía: “Champú Sintrox. Satisfacción hasta la última gota”. Y se quedó tranquila.

Al casarse la segunda hija a la semana recibió una carta que decía: ”Rothmans”. Al ver el slogan de Rothmans, “King size, el tamaño ideal”, se quedó tan contenta. Finalmente se casó la tercera y tardó cuatro semanas en escribir. La carta decía: ”British Airways”. La madre estaba desconcertada, pero al fin encontró un aviso donde decía: “British Airways: dos veces al día, los siete días de la semana, en ambas direcciones”.

 

La apuesta de la ancianita

Una anciana entra en el banco con un bolso lleno hasta los topes de dinero en efectivo. Llega a la ventanilla e insiste en que quiere hablar única y exclusivamente con el director para abrir una cuenta. Tras mucho discutir la llevaron ante el máximo responsable.
-¿Qué cantidad desea ingresar?

-190.000 euros.

Y vació su bolso encima de la mesa. El director, como es natural, sintió curiosidad por saber de dónde había sacado tanto efectivo.
-¿Cómo ha conseguido tanto dinero?
-Hago apuestas.
-¿Apuestas?, ¿qué tipo de apuestas?
-Bueno, toda clase de apuestas. Por ejemplo, le apuesto a usted 25.000 euros a que sus pelotas son cuadradas.
-Esa es una apuesta estúpida. Nunca la ganará.
-¿Está usted dispuesto a aceptarla?
-Por supuesto.

-De acuerdo, pero como hay mucho dinero en juego, ¿puedo venir mañana a las diez de la mañana con mi abogado para que nos sirva de testigo?
-Sin problema.
Durante la noche el director estaba muy nervioso y pasó mucho tiempo mirándose sus partes en el espejo. Se hizo un riguroso examen y quedó absolutamente convencido de que no eran cuadradas.
A las diez en punto la viejecita apareció con su abogado en la oficina. Hizo las pertinentes presentaciones y repitió la apuesta. El presidente la aceptó y la viejecita le pidió que se bajara los pantalones para mostrar sus pelotas. La señora se acercó, las miró detenidamente y le preguntó si se las podía tocar.
-Tenga en cuenta que es mucho dinero y debo cerciorarme…
-Bien, de acuerdo. Comprendo que quiera estar segura.
Empezó a palpar sus bolas y el abogado comienza a golpear la cabeza contra la pared.
-¿Qué le pasa a ese señor?
-Nada, que he apostado con él 100.000 euros a que hoy a las diez de la mañana tendría las pelotas del director de este banco en mis manos.

 

 

 

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